En un nuevo giro que sacude al mercado energético global, Irán ordenó el cierre total del Estrecho de Ormuz, apenas 24 horas después de haber anunciado su reapertura.
El mando militar iraní, a través del teniente coronel Ebrahim Zolfagari, señaló que la medida responde al bloqueo de Estados Unidos contra buques iraníes, así como a tensiones regionales vinculadas con Israel y Líbano. Teherán acusó a Washington de “piratería” y advirtió que cualquier embarcación que intente cruzar la zona podrá ser considerada objetivo militar.
Horas después, se reportaron incidentes armados: un tanquero fue interceptado y otros buques denunciaron disparos en la periferia del corredor.
Desde la Casa Blanca, Donald Trump minimizó el cierre, aunque el bloqueo naval se mantiene activo. En contraste, el diplomático Saeed Khatibzadeh negó cualquier diálogo en curso.
Por el estrecho —clave para el comercio global— circula cerca del 20% del petróleo mundial, unos 20 millones de barriles diarios, por lo que se prevé un alza inmediata en los precios del crudo.
En paralelo, la tensión persiste en Líbano tras ataques y la muerte de un soldado de la UNIFIL, en medio de una frágil tregua y nuevas acciones de Fuerzas de Defensa de Israel.

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