Por: 饾挗饾挾饾搱饾搲饾挾饾搩饾捁饾憸 饾挴饾捑饾搩饾搲饾挾 馃枊️
En la pol铆tica, como en la f铆sica, el vac铆o no existe; solo existen los cuerpos desplazados. Y hoy, el cuerpo pol铆tico de Ad谩n Augusto L贸pez Hern谩ndez flota en una gravedad que ya no le pertenece. El hombre que ayer era el gran arquitecto del consenso forzado, el que susurraba al o铆do del Olimpo tabasque帽o, hoy ha sido enviado al exilio de los metros cuadrados.
No se equivoquen: en el Senado, la distancia entre el poder y el olvido se mide en pasos de alfombra.
La mudanza es una sentencia de desalojo. Sacarlo del n煤cleo de Morena para arrojarlo al "vecindario de los malditos" —entre las oficinas del PRI— es la forma m谩s c铆nica que tiene la Cuarta Transformaci贸n de decir: "Gracias por los servicios prestados, la salida est谩 a la derecha".
Lo enviaron a territorio de Alejandro "Alito" Moreno y Manuel A帽orve. Es, por decir lo menos, una iron铆a de humor negro. Es poner al exdomador de la fiera a dormir dentro de la jaula del enemigo, sin l谩tigo y con la puerta cerrada por fuera. El viernes, su nuevo despacho era el retrato de la derrota: puertas que se cierran temprano y un silencio sepulcral que solo se encuentra en las salas de espera de los hospitales o en las oficinas de quienes ya no tienen a qui茅n llamar.
El poder es un amante caprichoso. Un d铆a eres el operador indispensable, el que dobla voluntades en la penumbra, y al otro eres un nombre en una placa de acr铆lico flanqueada por priistas que te miran con la desconfianza del que sabe que, en ese pasillo, todos son fantasmas.
La reacci贸n de "Alito" Moreno en redes no fue un posicionamiento pol铆tico, fue un escupitajo al suelo. Un mensaje visceral que confirma que Ad谩n Augusto ya no es el interlocutor temido, sino el blanco f谩cil. Cuando el rival te pierde el respeto, es porque sabe que tus propios aliados ya te soltaron la mano.
Lo que vemos es la canibalizaci贸n del pragmatismo. En Morena, el que deja de ser funcional no se jubila: se le reubica en los m谩rgenes hasta que el polvo de la indiferencia haga lo suyo. Ad谩n no cambi贸 de siglas, pero su c贸digo postal legislativo hoy grita lo que nadie se atreve a decir en el pleno: el sol ya no calienta por esos rumbos.
En el tablero de la C谩mara Alta, las piezas se mueven con crueldad. Y Ad谩n Augusto, el hombre que alguna vez crey贸 tener el mando del reloj, hoy solo es un inquilino inc贸modo en un pasillo que huele a naftalina y a revancha.






