Trabajadores de la misma localidad y la administración de Miquihuana sumaron fuerzas para deshierbar y limpiar los accesos, garantizando vías dignas y un ingreso directo para las familias.
Cuando los accesos al poblado se llenan de maleza y la basura se junta en las esquinas, la comunidad siente el descuido en su vida diaria. Poder caminar por calles despejadas y un entorno cuidado no es un lujo, sino un derecho básico de la gente de a pie para vivir con tranquilidad. Por eso, cuando los propios vecinos agarran la herramienta para arreglar su comunidad, el trabajo cobra un valor doble: demuestra el cariño a la tierra y la fuerza de la organización local.
En el Poblado de Altamira se llevaron a cabo trabajos de limpieza y mantenimiento general mediante el Programa de Empleo Temporal impulsado por la administración municipal que encabeza la enfermera Gladis Magalís Vargas Rangel. La faena se realizó con la mano de obra de hombres y mujeres de la misma comunidad, quienes salieron a los caminos y calles principales para retirar la hierba alta, recoger deshechos y dejar las vías totalmente ordenadas.
Llevar las faenas a las comunidades rurales permite que los programas sociales cumplan dos tareas al mismo tiempo: responder a la necesidad del entorno y dejar el jornal directamente en los hogares que más lo necesitan. La coordinación entre el Ayuntamiento de Miquihuana y la gente de Altamira confirma que cuando el gobierno y el pueblo hacen equipo en la brecha, las cosas se resuelven más rápido y sin dar rodeos.
Contar con calles limpias y cuidadas requiere mantener el esfuerzo colectivo de no tirar desechos y valorar lo que es de todos. Cuando la gente trabaja codo a codo por su propio poblado, la unión comunitaria demuestra que con voluntad y esfuerzo compartido se construye el bienestar de Miquihuana.






