domingo, 4 de enero de 2026

LA INVASI脫N DE ESTADOS UNIDOS A VENEZUELA Y LA PRUEBA MORAL DEL MUNDIAL 2026


 

Por: 饾挗饾挾饾搱饾搲饾挾饾搩饾捁饾憸 饾挴饾捑饾搩饾搲饾挾


La pregunta ya no es si el Mundial de 2026 est谩 en riesgo. La pregunta inc贸moda, la que nadie quiere formular en voz alta, es otra: ¿las reglas de la FIFA aplican tambi茅n cuando quien las viola es Estados Unidos? Porque la invasi贸n a Venezuela —bombardeo unilateral y secuestro de un presidente incluidos— no es solo un esc谩ndalo geopol铆tico; es una bomba directa al discurso de neutralidad del deporte internacional.


El reglamento de la FIFA no es ambiguo cuando le conviene. La organizaci贸n presume sanciones severas contra pa铆ses involucrados en conflictos armados, violaciones graves al derecho internacional o pr谩cticas contrarias a sus “valores”. No es ret贸rica: hay antecedentes claros, documentados y dolorosamente selectivos.


Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Jap贸n fueron excluidos del Mundial de Brasil 1950. No hubo debate moral prolongado ni excusas econ贸micas: hab铆an sido actores centrales del conflicto global y, adem谩s, sus federaciones estaban en proceso de reorganizaci贸n. El f煤tbol pag贸 la factura de la guerra.


Sud谩frica es otro ejemplo inc贸modo. Entre 1961 y 1992, el pa铆s fue suspendido y finalmente expulsado por el r茅gimen del Apartheid. La FIFA exig铆a una selecci贸n multirracial; las leyes sudafricanas lo prohib铆an. La sanci贸n se sostuvo durante d茅cadas, sin atenuantes, hasta que el sistema pol铆tico cambi贸.


En Yugoslavia, la historia se repiti贸. En 1992, en plena Guerra de los Balcanes, la ONU impuso sanciones internacionales. El resultado fue inmediato: exclusi贸n de la Eurocopa y del Mundial de Estados Unidos 1994. No import贸 la tradici贸n futbol铆stica ni el talento de sus jugadores. Mandaron las resoluciones internacionales.


M谩s reciente a煤n es el caso de Rusia. Tras la invasi贸n a Ucrania, la FIFA y la UEFA suspendieron a todos los equipos rusos de sus competiciones. Rusia qued贸 fuera de Qatar 2022 y sigue vetada rumbo a 2026. La sanci贸n permanece vigente y nadie en el organismo finge sorpresa.


Con este historial sobre la mesa, la pregunta deja de ser ret贸rica y se vuelve inc贸modamente concreta: si las reglas se aplicaron a Alemania, Jap贸n, Sud谩frica, Yugoslavia y Rusia, ¿por qu茅 Estados Unidos ser铆a la excepci贸n? ¿Qu茅 prevalece hoy, el derecho internacional o el tama帽o del mercado?


Porque si las normas fueran normas y no sugerencias, Estados Unidos no podr铆a ser sede del Mundial 2026. Y, bajo el mismo criterio aplicado a otros pa铆ses, su selecci贸n deber铆a ser vetada de las competiciones internacionales. As铆 de claro. As铆 de inc贸modo.


Pero el problema nunca ha sido jur铆dico. Es pol铆tico. Y, sobre todo, econ贸mico. ¿Qui茅n se atreve a sancionar al principal motor financiero del f煤tbol global? ¿Qui茅n est谩 dispuesto a sacrificar patrocinios, derechos de transmisi贸n y contratos multimillonarios en nombre de la coherencia?


La FIFA castiga con rapidez a los pa铆ses d茅biles, pero duda cuando el expediente lleva el sello de una superpotencia. Ah铆 las reglas se reinterpretan, el contexto “se analiza” y la 茅tica se subordina a la estabilidad financiera.


El Mundial de 2026 ya no es solo un torneo. Es una prueba de credibilidad para el sistema internacional y para el f煤tbol mismo. Si Estados Unidos invade y no pasa nada, entonces dejemos de fingir que el deporte est谩 regido por valores universales. La cancha, como el mundo, tambi茅n se ordena por la ley del m谩s fuerte.


Al final, el silbatazo decisivo no lo dar谩 el 谩rbitro. Lo dar谩 el dinero. Y cuando eso ocurre, el juego deja de ser justo, aunque siga rodando el bal贸n.


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